Ayer tuve el placer de impartir una formación en el CEP Santander dirigida a profesorado de distintos colegios de Cantabria.
Partimos de una mirada a la autonomía entendida como la participación de la persona en actividades significativas. Desde ahí conectamos la autonomía con tres dimensiones clave: las características individuales de la persona, los elementos propios de la actividad y los factores del contexto social y físico en el que se desarrolla.
Al inicio pusimos especial énfasis en el rol del profesor como pilar fundamental del contexto social. Conocimos el efecto Pigmalión, que muestra la importancia de la mirada hacia la persona, así como los estudios de John Hattie, que evidencian el gran impacto que tiene el profesorado en el rendimiento académico.
Desde allí entramos en los aspectos individuales, profundizando en la Integración Sensorial según Jean Ayres. Pudimos conocer la enorme variabilidad que tiene el sistema vestibular en el funcionamiento de las personas, así como entender la interrelación entre los diferentes sistemas sensoriales. En este contexto también hablamos del sistema propioceptivo y del sistema táctil, y de cómo todos ellos se relacionan entre sí en el funcionamiento diario.
También revisamos algunos mitos en torno a herramientas que se han popularizado en los últimos años, como los chalecos de peso, analizando qué evidencia científica existe realmente sobre su uso.

Tocamos también temas de regulación y su relación con el procesamiento sensorial. Hablamos de las rutinas escolares actuales y de cómo muchas veces requieren más movimiento del que hoy tienen la mayoría de los niños. Conocimos estudios que muestran la importancia del movimiento para la atención, el aprendizaje y la ejecución funcional.
A lo largo de la sesión fuimos conectando continuamente el funcionamiento neurológico con el aprendizaje y la autonomía.
El profesorado compartió con mucha claridad cómo perciben en el día a día las necesidades sensoriales de muchos alumnos. Al mismo tiempo surgió la reflexión de que todavía existe un vacío importante para poder comprenderlas en profundidad y atenderlas adecuadamente en el contexto educativo.
La participación fue muy activa, lo que nos permitió entrar en ejemplos, observaciones y preguntas de forma muy dinámica. Espacios como este ayudan a visibilizar tanto las necesidades del alumnado como las del propio profesorado.
Cerramos la jornada con ganas de seguir profundizando en estos temas. Ojalá podamos continuar con algunas sesiones más.
Agradezco al CEP Santander la invitación a formar parte de este ciclo formativo y al profesorado su interés y participación, que son los que realmente dan sentido a la formación.