El martes 25.11. tuve la oportunidad de impartir una formación a profesionales de la Guardia Civil, en una jornada a la que también asistieron miembros de la Policía. El objetivo era mejorar la atención a la diversidad en su labor diaria.
Comenzamos reflexionando sobre los prejuicios que todas las personas tenemos y sobre cómo influyen en la manera en que interpretamos y atendemos a los demás. Hablamos de nuestras creencias, valores y experiencias, esa “mochila” que llevamos y que, a veces, actúa sin que nos demos cuenta.
Trabajamos un ejercicio de reframing, una práctica propia de la mirada sistémica, que les permitió observar cómo una misma situación puede interpretarse de múltiples formas. Antes de la sesión, había recopilado ejemplos de situaciones habituales en su trabajo y también las aportaciones de varias personas con autismo, que compartieron experiencias y necesidades que consideran importantes.
Cuando llegamos a una intervención real, solemos elaborar una interpretación rápida de lo que ocurre, quiénes son las víctimas, qué ha podido pasar. Sin embargo, detrás de cada situación existen muchas posibles explicaciones. El reto está en mantener abiertas diferentes opciones antes de llegar a conclusiones.

Realizamos también un roleplay en el que les atendí en alemán, con la intención de que pudieran experimentar la sensación de ser atendidos en un idioma que no se comprende. Ese ejercicio permitió conectar con el estrés, la confusión y la vulnerabilidad que pueden aparecer cuando no entendemos lo que ocurre.
Pudieron observar que, en muchas circunstancias, el estrés de la persona atendida es el factor que más puede intensificar un conflicto. Por eso, la calma y el respeto se convierten en herramientas fundamentales para que cualquiera se sienta acompañado y bien tratado.
Cerramos la formación leyendo y escuchando testimonios de personas con TEA. A través de sus palabras pudimos profundizar en la importancia de un trato respetuoso, de la observación de las señales que cada persona transmite y de ser conscientes del valor que tiene respetar el espacio personal en cada interacción.
Aunque el tiempo fue breve, pudimos identificar claves relevantes para la atención a personas con diferentes condiciones y necesidades. Como en casi todo, el punto de partida está en uno mismo: en tomar conciencia, revisar nuestras creencias y, desde ahí, desarrollar actitudes que favorezcan un trato más ajustado y humano. Sin ese paso, ningún consejo cala realmente.
Fue un placer escuchar a las otras ponentes y ver la gran implicación desde diferentes ámbitos para un objetivo común.